¿Te marca el amor o el miedo?

El miedo paraliza, el amor mueve montañas y nosotros en medio de la montaña y la vida, a veces, sin estar conscientes; permitimos al miedo adueñarse de partes importantes de nuestra vida.

Agradezco a Laura Ferrera y su artículo “Cuando falta amor no hay valores al emprender” que inspiró este artículo en su párrafo titulado: “Cuando falta amor sobra miedo”. Me hizo recordar los últimos meses de mi primer embarazo. Como madre primeriza todo era “ilusión, rosas y flores” pero desconocía completamente lo que era el proceso de parto, y el post-parto, y todo lo que auténtica mente implica la maternidad; a propósito del mes de las madres. Ya en la cuenta regresiva para el alumbramiento cuando apenas puede uno moverse, dormir, hacer cualquier cosa tuve mucho miedo al dolor del alumbramiento esperaba que alguien me dijera cómo y cuanto dolía. Pregunté por lo menos a 20 mujeres con hijos y de entrada ninguna coincidía en su descripción, pero lo más extraño era que les parecía difícil describirlo. No parecían tener clara la descripción del dolor, algunas describieron, el inicio de las contracciones, otras, el momento del alumbramiento cuando los huesos se abren, otras, el momento en que el pequeño(a) empuja con su cuerpo para salir. Ninguna parecía tener todo el detalle. Yo al oír tantas y tan variadas descripciones no sabía ni de que momento del alumbramiento hablaban.

Finalmente la recepcionista del centro de atención médica; una jovencita de ojos brillantes y mirada sonriente me dio una respuesta que me dejó tranquila: “Solo puedo decirte que duele mucho, seguro lo que más te ha dolido hasta el momento, pero una vez que lo pasas y ves a tu bebé se te olvida”. Entendí entonces porqué nadie podía describir el dolor. El amor de todas las mamás a las que pregunté les hizo enfocar en el dolor  solo lo necesario del momento; por ello recordaban tal vez lo que más les impactó, o les costó trabajo. Recordaban solo hasta el punto en que su amor tomó control y actuó por ellas.

El miedo paraliza, el amor mueve montañas

El miedo paraliza
El miedo paraliza

El amor nunca nos quita el miedo, ni nos evita conflictos. El amor tiene el efecto de movernos a la acción más allá del miedo, de la incertidumbre, del dolor, de la tristeza, del cansancio, incluso de la capacidad física. El miedo bloquea el pensamiento y la acción. Las cosas que hacemos por amor a una persona, a una causa, a una misión son imparables y llegan a donde tienen que llegar independientemente de trabas, lógica, números, estándares.

Es cierto también que en caso de peligro inminente; el miedo nos acelera todo por dentro y nos hace correr, huir, pero de entrada nos grita: “ALTO!”. Nuestro miedo disfrazado de amor o precaución nos evita tomar acciones o permitir que quienes amamos tomen riesgos. El miedo a perder a alguien, a sufrir porque se han lastimado nos bloquea la confianza en lo que debe ser. Nos surge en automático y nos es tan claro saber y entender que nos estamos dejando llevar por el miedo.

La necesidad de control y tener en manos todo, la necesidad de la seguridad y la certeza en realidad, son miedo que nos evita pensar con creatividad, arriesgar, crear, crecer, mover.

El amor brinda confianza

El amor brinda confianza
El amor brinda confianza

Ante la incertidumbre, la espera y la variedad de dificultades el amor nos asienta y sostiene interiormente para hacer lo que hay que hacer y esperar lo que sea que deba esperarse. El miedo sin embargo nos hace buscar la lógica, las métricas, el sentido, los hechos, la realidad con tal de garantizar un resultado esperado. En el amor el resultado deseable puede ser importante pero es más importante el proceso y la satisfacción del deber cumplido. El amor puede darnos solo una gota con muchos esfuerzos pero es la gota que basta para inundarnos interiormente. El caso es que creemos que nos sentimos exaltados porque quien amamos nos ha tirado el lazo, cuando

de alegría por una mínima reacción. No fue el otro quien tuvo ese efecto en nosotros, fuimos nosotros que lo generamos en nuestro interior dándole al hecho valor, peso, dimensión fuera de todo límite. Cuando el amor nos desborda por dentro nos sentimos dueños del universo. Y en realidad en ese momento lo somos, porque tenemos tal energía interna que efectivamente somos capaces de las más increíbles proezas. Queremos comernos el mundo y podemos hacerlo en ese preciso instante.

El reconocimiento de nosotros, nuestra esencia, nuestro verdadero yo en el prójimo es el amor. Cuando somos capaces de entender al otro aceptar sin juzgar y trabajar a partir de lo que hay haciendo lo que es posible y sabiendo que juntos nada es imposible nos hace dueños de nuestro aquí y ahora.

El miedo siembra duda

El miedo siembra la duda
El miedo siembra la duda

El miedo arrebata de nuestras manos el control poniéndonos a merced del destino y del ir y venir de la vida sin nuestro consentimiento. El miedo crea escenarios y proyecta tragedias, generaliza de manera contundente sin dar pie al arte de las posibilidades. Ante semejante enemigo y su carga no queda más que la sobre-vivencia, el realismo. Ningún sueño o gran invento tuvo garantía de resultados.

Damos patadas al amor por miedo. Antes de que nos pongan el cuerno, lo ponemos, antes de que nos lastimen, les ignoramos, antes de que se burlen nos burlamos, antes de que nos corran renunciamos.

Cuando queremos cambiar en los otros lo que en nuestro juicio está mal, creemos que si no lo logramos esa persona no cumplirá su misión, su objetivo. Esto es poco más que arrogante. Nosotros estamos aquí para ayudar y sembrar pero no hay solo un sembrador ni un solo camino a Roma. Lo sé como madre trato de sembrar hábitos en mis hijas que les ayuden el día de mañana, pero lo que sea que no tomen en su momento la vida encontrará la manera de enseñarles y su inteligencia les hará discernir.

No es fácil soltar así y evitar preocuparse por lo que vendrá. Es entonces cuando el amor debe entrar en juego y llenarnos con confianza, energía, ilusión y posibilidades.

¿Como se logra esto?

Dejar de buscar fuera e ir dentro de nosotros
Dejar de buscar fuera e ir dentro de nosotros

Esto puede sonar a fumada filosófica, pero  hay que dejar de buscar fuera. No encontramos el amor fuera cuando en nuestro interior no tenemos claro el auto-concepto. En el momento en que nos convertimos en quienes debemos ser vibramos con tal fuerza que desde donde esté quien sea que deba estar llega a nosotros. Igualmente pasa con las circunstancias laborales, los amigos, el trabajo, los hijos.

Honestamente trabajemos nuestras incertidumbres, fortalezcamos nuestro auto-concepto. ¿Sabemos vivir?. Mi hija de 2 años me preguntó el fin de semana: ¿Mamá sabes vivir?… la respuesta amerita un artículo. Pero cuando le devolví la pregunta. Me miró ya no como “alma vieja hablando” sino como niña normal: ” No, yo no!” y haciendo gestos como diciéndome: “estoy aquí para que tu me enseñes”.

Si hay problemas en casa con los hijos trabajar nuestros propias áreas de oportunidad les fortalece mucho mas de lo que imaginamos y les ayuda mucho mas que cualquier tratamiento psicológico, psiquiátrico, coaching, tutoría, orientación etc. No hace ninguno de esos servicios inútiles; por su puesto.

Necesitamos de todos, el amor nos une y en la convivencia y el compartir crecemos a partir de nuestras limitaciones y las de quienes amamos. Sus debilidades son nuestra fuerza y vice-versa. Yo soy muy de hacer, me cuesta trabajo soltar. Hay muchos miedos que he ido aprendiendo a dejar en el camino. Seguramente hay muchos otros que ni siquiera he atendido.

Trato cada vez con mayor consciencia de medir mis acciones para entender si es el amor o el miedo lo que marca las pautas en el camino. No es tan obvio como puede parecer. Muchos miedos se disfrazan de amor. Pero al final es claro. El amor nos trae paz, bienestar, balance. Cuando no está siendo así, estamos siendo conducidos por el miedo.

BESOS

 

 

Posted on: 4 Mayo, 2015, by : gracielavaldezvera
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