¿Cuándo medir, cuándo simplemente hacer, cuándo no hacer nada?

Toda estrategia necesita controles, todo objetivo debe ser medido. Lo cierto es que tan mal nos hace no medir en absoluto, como medir en exceso. Una vez que se tiene el plan, misión y objetivos bien claros hay que echar manos a la obra y actuar. Pero también hay momentos en los que es muy importante detenerse; incluso dar un paso atrás antes de seguir avanzando.

¿Medir o no medir? ¿actuar o no actuar?
¿Medir o no medir? ¿actuar o no actuar?

¿Necesito o no medir?

Es un hecho; es necesario medir los resultados de cualquier acción. El punto es saber cuando, y cómo medir a modo que valga realmente la pena. Medir antes de tiempo no nos refleja lo que buscamos o esperamos y nos lleva a tomar decisiones equivocadas. El como medimos importa.

Todas las mañanas en el club mientras me seco el cabello veo circulando a las chicas hacia la báscula; algunas se pesan todos los días. Si hemos iniciado un programa de ejercicio, una dieta. Tomarse medidas y subirse a la báscula cada día puede más que ayudarnos generar frustración y des-motivación. Veo sus rostros y las oigo decir: “eso no sirve!”. En los meses que llevo entrenando veo varias que abandonan su programa en un plazo de 1, 2 o 3 meses. Si nos pesamos durante el periodo menstrual incluso antes y después de ir al baño el peso cambia; increíblemente, pero estos cambios no reflejan resultados de medidas sino un proceso biológico natural en nosotros. Lo mismo sucede con las redes sociales, si acaban de dar seguimiento a un grupo de personas, o acaban de publicar un artículo, o más aún iniciaron un blog;  el klout score no va a cambiar. Las ligas en buscadores no van a mostrar gran cosa. Los números de seguidores no representarán mucho. Efectivamente el día que publiqué una foto de perfil obtuve 300 seguidores, pero ya tenía algunos contactos y daba seguimiento diario a un grupo de personas. Traía una mecánica de interacción continua.

Nivel de esfuerzo y resultados
Nivel de esfuerzo y resultados

Como podemos ver en la gráfica en principio el nivel de esfuerzo es muy grande y los resultados son mínimos o nulos. Al cabo de un tiempo empieza a haber pequeños resultados y llega un momento que con mínimo esfuerzo se obtienen máximos resultados. En los niveles bajos en que el esfuerzo es grande y los resultados son pocos no hacemos mediciones continuas, debemos esperar un tiempo considerable dependiendo de lo que sea que estemos midiendo para ver resultados reflejados. Por su puesto debe haber un margen de tiempo para llevar a cabo las mediciones y debe haber un criterio y herramientas de medición que habrán sido propiamente determinadas al diseñar la estrategia.

¿Cuando no medir y simplemente hacer?

Después de cada embarazo tenía un tratamiento de vendas frías para ayudar a la piel a recuperarse. Las sesiones eran diarias y tomaban medidas y peso diario. Yo expresamente le pedía a la terapeuta darme esas anotaciones hasta el final del tratamiento. Después del primer embarazo casi automáticamente recuperé mi figura, después del segundo fue más difícil y después del tercero; con mas edad y dos embarazos previos realmente me tomó mucho mas esfuerzo y tiempo. No medía hasta ver y sentir físicamente resultados en mi ropa y bienestar integral. Si cambian las circunstancias, cambian los resultados.

Si se está implementando un nuevo programa, una estrategia, un plan de trabajo debe dejarse suficiente tiempo hasta que se vea el resultado. Unos inversionistas que abrieron un despacho de consulto-ría para extranjeros emprendedores en México con un muy buen plan de servicios cerraron después de 5 meses. No esperaron ni un año y su presupuesto de arranque consideraba que con los primeros clientes cubrirían todos los gastos. Tenían tres buenos clientes en el momento que cerraron y sus redes sociales apenas empezaban a gestionarse. Su trabajo de promoción estaba concentrado en la página web.

He visto varios proyectos con muy buen potencial quedarse en el camino por no darles suficiente espacio para crecer. Chado Ralph Rucci se fue a la quiebra un par de veces antes de estar en el punto que está ahora. No seguía tendencias. Si se tiene una buena idea y se trabaja en ella por suficiente tiempo tarde o temprano se ven los resultados. En estos puntos no valen las comparaciones. No valen las mediciones. Importa el trabajo constante, la disciplina, la mente clara. El móvil que nos impulsa debe ser el foco mas que los resultados.

La motivación es de los perdedores, la actitud y disciplina de los auténticos resultados

Iniciar un gran sueño con altos ideales no es cosa nueva. Se ve al inicio del año,se ve con muchos recién casados y nuevos padres que tienen gran entusiasmo y toda la ilusión. Al cabo de unos meses los propósitos de año nuevo ya están arrinconados, un gran número de matrimonios con rutina, hijos, retos económicos empiezan a dudar en su proyecto de familia. Sin duda muchos en algún momento hemos dudado estar en el camino correcto. Justo en estos momentos es cuando no se puede tirar la toalla, no podemos embarcarnos en un nuevo proyecto pensando que fue decisión equivocada y que cambiando de idea las circunstancias cambiarán. Cuando todos dudan. Cuando nada parece resultar la acción constante, muy probablemente después de las métricas con respectivos ajustes pero en una misma línea. La misión u objetivo final deben estar bien claros. Las vías pueden sufrir ajustes, modificaciones. Una medida que no da un resultado esperado debe ser analizada en todo sentido. No necesariamente debe eliminarse, en ocasiones solo requiere afinar detalles o ajustar procesos.

¿En que momento vale no hacer nada?

Hay momentos para sembrar y momentos para cosechar. Todo proceso, toda acción tiene un lapso de espera sin acción. Cuando hemos hecho todo lo necesario y hemos puesto todas las condiciones, hay solo que esperar. Las esperas son particularmente desgastan-tes, puede consumir la incertidumbre, puede bajar la motivación inicial, pueden surgir las dudas. Puede ser el momento de mayor riqueza interior; donde recurramos a ese vacío interno que genera todas las ideas, que nutre nuestras acciones y que hace florecer la tierra fértil.

Este es el punto donde algunos buscan atajos, donde intentar acelerar el proceso puede ahogar los intentos iniciales. Pensemos en una semilla recién sembrada. No por echarle más agua brotará mas pronto. Podemos estropear su germinación y eso es justo lo que hacemos cuando no sabemos esperar. Del punto en que nos confirman un embarazo al punto en que nace el bebé ciertamente llevamos a cabo cuidados que favorecen el buen desarrollo del bebé, pero la gran mayoría no lo hacemos nosotros fuera de la actitud y la disciplina.

Después de una campaña, preparar y promover un evento, monitorear los resultados; hay un punto donde solo queda esperar el momento del evento y desear que todo resulte lo mejor posible. Lo mismo sucede con las conferencias y talleres, el lanzamiento de productos. Cuando somos fanáticos del hacer esta parte de la espera resulta mortal pero a la vez clave. En estos puntos lo que más vale es refugiarnos en el interior de nosotros mismos, afianzarnos en los móviles y valores que impulsan nuestras acciones y esperar con confianza; no necesariamente optimismo. La confianza nos hace saber que sea cual sea el resultado tomaremos nuevamente acción para seguir avanzando en la dirección propuesta.

BESOS