Confianza

Nuestros pensamientos afectan la fuerza natural del universo. Cada pensamiento que cruza por la mente, cada palabra que emitimos como resultado de ese pensamiento, cada acción resultante de dichos pensamientos y palabras trae una consecuencia.

Si los pensamientos se centran en “nosotros” se percibe como “egoista”. La cultura valora el sacrificio. Hay que escuchar a los otros; sobre todo a quienes amamos y complacerles para estar bien socialmente, o hay que poner mucho cerebro y analizar la situación, el mercado, la política para darle al clavo con la “idea brillante” que nos llevará al “éxito”.

Hay que fijarse en todos los que se están hundiendo y todos los que quiebran y pierden el trabajo y no queremos estar como ellos, mejor nos fijamos en los que “si la están armando” y hacemos “exactamente lo que ellos hacen”. Agarramos toda nuestra basura y empezamos a clasificarla, esto no, esto tal vez mejorado, esto ni como cambiarlo…

La verdad resuena a todo nivel

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Hay que pensar en nosotros y alimentar propiamente nuestro interior si realmente queremos tener algo valioso que dar. Nadie da lo que no tiene y vivimos en un continuo “hacer”, “crear”, “dar”. No sabemos “tomar”, ni siquiera los consejos. Porque decimos que necesitamos o buscamos ayuda pero en cuanto lo que oímos suena a algo que nos hace ruido interiormente, lo anulamos y nos alejamos.

Hay que escuchar nuestro corazón y conectar con él, olvidando incluso las demandas de los que decimos “amar”. No por egoísmo sino por auténtico interés.

¿Como podemos mostrar el camino a quienes amamos si nosotros no somos capaces de ser suficientemente felices?. En el avión nos ponemos la mascarilla de seguridad antes de ayudar a cualquiera a ponersela. Así es realmente en la vida.

Mis decisiones no se pueden basar en los deseos de quienes amo, sino en mis propios deseos, hablando con el corazón. No somos estúpidos, ciegos, inprudentes, sabemos perfecto lo que está mal y lo que no. Sabemos lo que nos es bueno y lo que no nos sirve.

La verdad en el cuerpo nos hace respirar profundo y nos da una sensación de bienestar, la mentira, la rabia, la ira, cualquier emoción “fuera de nuestra naturaleza”, nos genera tensión en alguna parte del cuerpo: espalda, quijadas, brazos, piernas, hombros, rostro.  Y el corazón LO SABE, si aprendemos a escucharlo y actuar con coherencia, estaremos en el camino correcto.

Hay que saber preguntar y escuchar lo que el corazón y no la mente nos responde.

Todos tenemos intuición que está a nuestro servicio para indicarnos el camino, pero no le damos mucha credibilidad. Y sin embargo esa voz interior SIEMPRE resuena, si no la escuchamos se convierte en conflicto interno, si seguimos sin escucharlo, se vuelve enfermedad.

Muchas veces es hasta que estamos entre la espada y la pared si mayor opción que nos atrevemos a escuchar la voz que siempre ha estado ahí diciendo lo que necesitamos ser y hacer.

No necesito perfección

¿A quien le interese el logro sin fallo, la perfección sin mancha tiene que cambiar de dimensión?. En este mundo y esta dimensión las cosas funcionan de otra manera. Cada uno de nosotros es una expresión diferente de la misma energía vital.

Compartimos el 99.9 del ADN y ese 1% de diferencia nos da un margen infinito de posibilidades de cambio entre una vida y otra.  Nada de lo que hace feliz a alguien garantiza nuestra felicidad.

Ninguna fórmula de los 5 pasos del mas picudo nos va a llevar a donde queremos estar. Y lo sabemos perfecto. Podemos gastar lo que sea en coaching que nos dirá lo que interiormente sabemos perfecto, pero por equis o zeta no lo hacemos y también ahí necesitamos asumir.

La vida no se trata de “identificar el error”, “perfeccionar” y “vivir plenitud y abundancia por el resto de los días”.  La vida es descubrimiento, caidas y coraje para levantarse, errores e inteligencia para darles la vuelta. La vida es plenitud cada segundo.

La perfección y armonía existen a nivel molecular, no son resultado de una acción-reacción. Nuestro cuerpo es, ni mas ni menos lo que necesitamos. Aceptar y amar cualesquiera que sea la condición de vida es el punto de partida para cualquier logro. Querer transformarla es garantía de fracaso.

La vida no se trata de inventarnos cosas y fórmulas extrañas para “lograr”. La vida se trata de “documentar” nuestro andar y compartirlo, con sus “insights”. Lo ganado, lo aprendido, lo crecido, lo atesorado.

Alineación a los valores nos da coherencia

No importa donde o de que trabajemos si nuestra actividad primaria está asociada a los valores que mueven nuestra vida: Servicio, respeto, comunicación, bienestar, liderazgo, integridad, ambición, honestidad, liberdad.

Cuando a los 14 años los ingenieros con los que trabajaba haciendo sus declaraciones mensuales, me pidieron no dar de alta a los albañiles de la obra y falsear los números para reducir sus impuestos. Decidí que la contabilidad no sería mi profesión. Si el trabajo implicaba hacer fraudes, no era para mi.

La educación me atrapó por muchos años por servicio, bienestar, conocimiento, para mi era una forma de libertad y por su puesto comunicación.

El tiempo el desgaste en el trabajo, no son resultado de una mala elección, sino de un enfoque equivocado tanto del trabajo, como de la vida. Si valoramos a la familia y no le dedicamos tiempo por el trabajo no somos coherentes, si valoramos la seguridad económica y derrochamos gastando lo que no tenemos en cosas que no necesitamos por complacer gente que no conocemos no estamos siendo coherentes.

La acción y el logro son resultado de la confianza

Si en principio no valoramos nuestra vida y nuestra persona cualquier acción que emprendamos para “transformar”. No va a convertrinos en alguien diferente, al cabo de un tiempo despues de la “transformación” volveremos al mismo estado de insatsfacción inicial.

Si queremos “ser otro” o cambiar nuestra “naturaleza” solo enfrentaremos frustración cuando después de todo el esfuerzo miramos al espejo “la misma persona”. Somos lo que tenemos que ser y somos el resultado de nuestras decisiones al día de hoy.

La confianza no se refiere a actuar sin titubeos, ni viene de tener una super seguridad en si mismo. Todos tenemos dudas en el camino y es un hecho que todos tenemos algún concepto erróneo a corregir que solo podemos descubrir en el camino poniendo a prueba nuestras teorías.

No necesito tener respuestas a todas las preguntas antes de actuar. Necesito saber que si algo surge se donde y a quien recurrir. Tengo la certeza de que cuento con un respaldo que no está en mi cuando mis fuerza no sea suficiente.

La confianza resulta de saber que a pesar de las caídas, a pesar del miedo, la duda y los posibles conflictos vamos a buscar, a tocar puertas, a tomar acciones y a resolver.

Tome el tiempo que tenga que tomar. La confianza resulta de saber que la vida no “nos acontece” sino que somos agentes creadores. Que tenemos en nuestras manos las circunstancias que deseamos. Que aquellas que están fuera de nuestras manos podemos transformarlas o darles sentido en la dirección que nuestra vida requiere.