¿Bailas con la vida, pisoteas sin gracia, o solo miras a los otros bailar?

mensajerostro

El Jueves por la noche salí a bailar. Hacía mucho tiempo que no lo hacía y como en todo lo que hago tengo tiempo limitado. Por esta razón comí rápido, empecé con los primeros tragos y fui directo a la pista sin parar hasta la hora que tenía programado retirarme. Hubo muy buena variedad de ritmos y mucho bailador con disposición.

Tal vez por los artículos de la semana no pude evitar hacer una comparación del baile con la vida misma. Y no soy la única que hace comparaciones, buscando una fotografía encontré este interesante artículo comparando el baile con las redes sociales . Lo primero que enlacé fue el aspecto de disfrutar y por su puesto la diferencia entre mirar y estar en la pista. Pero hay muchas otras pequeñas y grandes cosas.

Cada ritmo marca sus propias reglas del juego

Si bailas la tambora necesitas paso veloz, brinco ligero, manos totalmente sueltas. La mano de tu pareja en la cadera alta presionando fuertemente contra su cuerpo te guían hacia adonde tendrás que brincar. Las piernas deben estar intercaladas y coordinar perfectamente los brincos.

El merengue es más suelto y relajado el ritmo va en la cadera, la cumbia tiene otro tipo de contacto y movimiento, el ritmo está marcado por pies y cadera. En la salsa yo personalmente encuentro el ritmo principalmente en las manos de la pareja y de ahí se coordina el movimiento de los pies.

¿Qué de la vida encontré en esto?

Por su puesto la vida te va marcando diferentes ritmos y en cada uno las reglas cambian y lo que antes era indispensable de pronto no lo es. Lo que antes funcionaba de una manera. De pronto requiere de ti otro talento, otro enfoque, otra manera de conducirte.

Si insistes en la pareja cuando toca el grupo estás dejando ir una etapa importante y necesaria

Algunos ritmos se prestan para el baile en grupo otros requieren una pareja. El caballo de rodeo se baila sin importar si traes o no pareja. Los que requieren pareja te presentarán estar bailando con super bailarín o uno nada diestro. En cualquier caso como mujer te dejas llevar por la pareja y cuando el bailarín no es muy diestro le buscas y haces parecer que es él quien te lleva. Los bailes de grupo te permiten explorar e identificar a las posibles parejas, hacer contacto, practicar movimientos que te ayudarán cuando llegue el baile de pareja. La regla es que él te guíe. Si no lo hace la regla es guiarlo haciendo parecer que él lo hace. En la vida hay retos que solo pueden llevarse a cabo con ayuda de un grupo y hay otros en los que preferimos un compañero(a) de viaje. La empresa, el matrimonio.

Insistimos en detener los momentos gratos, en controlar el ritmo, en forzar movimientos hacia una dirección

En el dejarse llevar cuando estás intensamente con un ritmo y tocas las manos de tu pareja, volteas, coordinas, intuyes el siguiente movimiento y fluyes con la música. La sientes en las venas. Esto es vida, fluir y dejarte guiar hacia diferentes direcciones, vueltas, cambios, intuir el siguiente movimiento necesario. Tu cuerpo vibra con la música y genera sus movimientos acorde.  Pero generalmente queremos controlar, hay momentos que deseamos detener y perdemos la melodía por ello. La música debe fluir hasta terminar y seguir con el siguiente ritmo. Así son todos los momentos y proyectos en la vida, inicias, lo gozas intensamente hasta que termina y tomas el que sigue. Un ritmo tras otro. Es agotador, y de pronto hay que bajar el nivel ajustar manos, piernas cuando el ritmo cardíaco no te da mas. Pero no necesitas detenerte,  puedes continuar a menor intensidad.

Algunos insisten en un solo ritmo el que mejor les acomoda

Hay quienes se sientan a tomar y observar mientras hay cualquier otro ritmo que no es su ritmo. No toman todos como viene uno tras otro. Solo uno a la vez muy intenso y el resto del tiempo a la banca. Igual en la vida hay quienes esperan las condiciones ideales para decidirse a ir a la pista. De otro modo simplemente prefieren mirar. No arriesgan, no intuyen, no experimentan, no aprenden otra cosa que no sea lo suyo. A pesar de que esté ahí ante sus ojos.

El arte de bailar con un mal bailador haciendo ver que es el quien te guía

La vida es sin duda mal bailador. Nos presenta direcciones inesperadas, oportunidades desconocidas, momentos sorpresivos y debemos reaccionar tomándolos y haciéndolos fluir. Los debemos integrar a nosotros con suavidad y con una sonrisa meter nuestro ritmo dentro de los parámetros permitidos.  Hay que buscar la armonía donde no la hay al 100 y que bien se siente seguir bailando.

¿Cómo bailas con un mal bailador?….pones tus brazos en su cuello, le miras a los ojos, le sonríes y bailas a su alrededor. Le das la mano y sigues bailando como si él marcara tu paso, cuando en realidad tu decides. Así hay que hacer en la vida, tomarla, sonreír y seguir bailando.

La práctica hace al maestro

Hasta con el mal bailador, al cabo de un tiempo le encuentras el modo y los pasos fluyen. Cuando hay coordinación perfecta parece que las mentes se comunican y cada siguiente movimiento se intuye. Los giros, los toques, las miradas, la respiración están perfectamente coordinadas. Podrías cerrar los ojos y continuar sin perder el paso porque el mínimo toque te dice lo que seguirá.

La vida es la fiesta con un tiempo limitado

Cada nota, cada melodía entra y se va. El conjunto de las notas hacen la melodía. Ninguna permanece no importa cuanto nos guste. Tenemos un tiempo finito para gozar y cualquier melodía que dejamos pasar es tiempo de vida que hemos decidido salir de la pista para solo observar. Permanecer en la pista continuamente es agotador, requiere estrategia mas que mucha energía. Yo podría bailar toda la noche sin parar, pero por su puesto varío la intensidad y habrá momentos en los que solo las manos y la cadera se muevan. Es posible lograr muchas y mas cosas en la vida si estamos conscientes de que necesitamos estrategia más que mucho talento y energía.

La noche no es solo para dormir…

 

 

Posted on: 12 Diciembre, 2014, by : gracielavaldezvera
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